No sé hasta qué punto lo saben ustedes, pero en los archivos se oyen voces. Hay que prestar atención, pero se oyen. Son voces que se alzan aquí y allá en un oleaje de palabras áridas, y hay que acercar mucho el oído para captarlas en los espacios vacíos que va dejando la jerga oficial de los funcionarios en su rastro de tinta, o en la nube de polvo que levantan los expedientes al caer sobre la mesa. Levísimas, olvidadas, anónimas, a veces siniestras, se dirigen a nosotros para reclamar que les devolvamos el nombre que un día tuvieron y, con suerte, para que contemos a los demás su historia silenciada. Acerquen el oído y vean si pueden percibir en las siguientes líneas la voz indignada de los Levi.
El 19 de octubre de 1940 ingresan en la cárcel de Figueres tres miembros de una misma familia judía residente en Francia: el ingeniero Siegfried Levi, de 60 años, su esposa Marcelle Gabrielle Levi, nacida Haas, de 48 años, y la hija de ambos, la estudiante Jacqueline Rose Lise Noelle Levi, de 19 años. Todos ellos llevan consigo un pasaporte vigente expedido en el consulado francés de Lausanne y reglamentariamente sellado por el cónsul de España en Ginebra que les autoriza a transitar por España con destino a Portugal, por entonces la puerta hacia el continente americano. Sus pasaportes también van provistos de un sello del cónsul de Portugal, con fecha del 1 de octubre. Por esas mismas fechas, el 3 de octubre, el mariscal Pétain ha promulgado en la Francia ocupada el primer Statut des Juifs y muchos de los judíos allí refugiados tratan de abandonar el país confian
do en la neutralidad de España. Entre ellos también la familia Levi.Los visados y permisos de tránsito caducan el 31 de octubre. La familia Levi ha perdido ya mucho tiempo en la localidad fronteriza de Perthus mien- tras esperaba conseguir la entrada en España de un hijo suyo, al que le había sido denegada por tener entre 20 y 40 años, es decir, por estar en edad militar. Las autoridades francesas y españolas temen que los jóvenes refugiados se unan al ejército británico tras pasar por España y combatan contra Hitler. Así pues, los Levi se ven obligados a adoptar una decisión difícil: dejar a su hijo atrás y continuar viaje pese a todo. Los visados caducarán pronto y no es conveniente poner en peligro al resto de la familia esperando un día más. Tener la documentación en regla es un costoso privilegio del que pocos emigrantes disponen y que ha costado a los Levi un ingente esfuerzo.
Sin embargo, cuando presentan su valiosa documentación al Comisario Jefe de Fronteras de la Junquera, son inmediatamente detenidos. Conocemos el motivo gracias a la carta que el comisario dirige a Don Paulino Coll, por entonces Gobernador Civil de Girona:
Durante su permanencia en Le Perthus, y según denuncia formulada verbalmente al Agente Jefe de La Junquera por persona que ha convivido con dichos extranjeros en el mismo Hotel “Taulera”, se distraían en sus conversaciones sostenidas en dicho establecimiento criticando y censurando a España y sus Instituciones, llegando hasta el extremo de que a un perrito que traen consigo, después de nombrarle burlonamente con los nombres de Musolini, Graziani y otros, decidieron “bautizarle” con el nombre de nuestro Caudillo FRANCO.
Por todo lo expuesto y considerando que ello constituye una ofensa grave a la persona de nuestro Caudillo y a nuestra Patria, es por la que los he ingresado en la Cárcel a su disposición para lo que estime oportuno.
Y lo que el Gobernador Civil “estima oportuno” de momento es mantenerlos en la cárcel e imponerles una multa por la más que respetable cantidad de cinco mil pesetas, pagaderas en divisas al cambio oficial. Sin duda criticar tan abiertamente el régimen franquista en una ciudad tan próxima a la frontera fue una grave imprudencia por parte de los Levi. Los testimonios de refugiados de la época recuerdan el terror constante a los espías y chivatos pro-fascistas que merodeaban en gran número por las localidades fronterizas. Sorprende constatar que los Levi fueran inmunes a estos temores. Puede que la posesión de documentos legales les imbuyera de una seguridad infundada.

El 17 de octubre, dos días antes de su detención, Siegfried Levi había informado por escrito desde Perthus al Cónsul General de Francia en Barcelona de sus intenciones de viajar por España, haciéndole saber que él y su familia contaban por fin con todos los visados y autorizaciones necesarios. El 24 de octubre, el cónsul se interesa telefónicamente y por escrito por la situación de los Levi, una familia especialmente recomendada por la Cámara de Comercio francesa de Lausanne, averiguando así lo sucedido. El cónsul está convencido de que su detención ha tenido que ser el resultado de una lamentable equivocación e intercede por ellos. Pero el gobernador civil se lo desmiente por carta cuatro días después:
En contestación a su atenta comunicación fecha 24 del actual, lamento tener que participar a usía ilustrísima que el súbdito francés Siegfried Levi y familia, por haber criticado y censurado duramente a España y sus instituciones, así como proferir ofensas graves contra nuestro Invicto Caudillo, ha sido decretada su expulsión de nuestro Territorio.
Ante semejante declaración, el cónsul no puede hacer nada. Es revelador que el gobernador civil considere conveniente omitirle su decisión de imponer a los Levi una multa de cinco mil pesetas, pago que Siegfried Levi, probablemente aterrorizado y esperando alguna retribución positiva, realizó de inmediato ingresando dicha cantidad en dólares en el Banco Hispano Americano de Figueras. El día 25 de octubre abandona la Prisión en compañía de su familia y de una pareja de la Policía Armada, encargada de acompañarlos a la frontera francesa y de hacer efectiva su expulsión del Territorio Nacional por el paso de Le Perthus. Sólo seis días después les caducan todos los visados.
Ninguna de las pesquisas que he realizado hasta el momento me ha permitido averiguar qué sucedió con ellos a partir de entonces. ¿Lo volvieron a intentar? En definitiva, ¿sobrevivieron?
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