Mi madre, que vivió la Segunda Guerra Mundial de pequeña, recordaba que a unos cincuenta metros de la estación de tren de su pueblecito natal de Westfalia, colgado de un puente y en un lugar muy visible, había un cartel con la siguiente leyenda:
Panzer rollen für den Sieg. Kinderwagen für den nächsten Krieg!
Obviamente, la traducción castellana no recoge la rima del original, un pareado extremadamente pegadizo y, si pasáramos por alto su contenido, incluso podría
mos decir que alegre, como si fuera el estribillo de una canción infantil.Los tanques avanzan para la victoria.
¡Cochecitos de bebé para la próxima guerra!
Mi madre cree recordar que en el cartel había un cochecito de aspecto idealizado y premeditada- mente "clásico", con ruedecitas de madera como los de antes, a pesar de que los que ella conocía ya tenían modernos radios metálicos, como se aprecia en la foto. Puede que en el cartel también hubiera un tanque, pero de eso no está segura.
Es bien sabido que las autoridades nazis hicieron todo lo posible para promocionar la natalidad entre la población alemana a fin de propiciar la cría de alemanes "de buena sangre" con fines de eugenesia racial, pero también para contar con una población joven y sana que pudiera repoblar los nuevos "espacios vitales" arrancados por la fuerza a las naciones ocupadas. Por supuesto, todo el mundo murmuraba que había al menos una tercera razón: la producción en masa de carne de cañón para alimentar una guerra cuyas dimensiones estaban superando lo imaginable. Pero, ¿podían los nazis llegar a ser tan cínicos como para anunciar a bombo y platillo en un cartel este terrible propósito? Y los alemanes, ¿estaban ya tan adoctrinados como para aceptar la misión de traer hijos al mundo con el único fin de enviarlos al combate? Por otro lado, tampoco sería tan extraño, teniendo en cuenta que en el Próximo Oriente se están desarrollando voluntariamente estrategias demográficas muy similares...
De todos modos, yo nunca creí posible que la oficialidad nazi se atreviera a desnudarse ideológicamente de tal modo. Pensé que la memoria de mi madre había fundido un cartel cualquiera con una frase surgida del humor negro de los civiles alemanes. Me los imaginaba susurrándose clandestinamente este pareado los unos a los otros a fin de burlarse del pomposo "Día de la Madre" que los nazis habían elevado a la categoría de fiesta nacional, dotándolo de discursos de encendido elogio a la maternidad y amenizándolo con los coros de las Juventudes hitlerianas. En una de estas fiestas le concedieron oficialmente a mi abuela la "Cruz de la Madre", en su caso de bronce, ya que sólo había parido a seis hijos. En estas curiosas olimpiadas, la medalla de plata era para las progenitoras de 6 a 8 niños, y la de oro para las que habían conseguido 8 o más. Dice mi madre que mi abuela tiró la cruz a la basura nada más recibirla. Lástima. Confieso que me habría gustado examinarla alguna vez de cerca.
Seguí dudando, pues, de la veracidad de esta frase, hasta que topé con el testimonio de un tal August Justus, procedente de una localidad de la Baja Sajonia llamada Wispenstein. Justus recuerda la movilización de 1939. Las estaciones estaban llenas de familiares que despedían con un pañuelo a los jóvenes soldados que partían a la guerra, y casi sólo circulaban trenes militares. Cuenta Justus que las locomotoras y los vagones de carbón ostentaban el eslógan:

Räder müssen rollen für den Sieg.
Kinderwagen für den nächsten Krieg.
Es decir:
Las ruedas deben rodar para la victoria.
Los cochecitos de bebé, para la próxima guerra.
Como verán, la versión es un tanto distinta a la que recuerda mi madre (desaparecen los tanques), pero el segundo verso, el más terrible, permanece inalterado. Con el agravante de que este testigo lo ubica ya en 1939, cuando la guerra acaba de empezar.
La difusión de este perverso pareado abarcaba toda Alemania, ya que poco después lo reencontré en el relato de una mujer sobre los últimos bombardeos de Berlín. Según este testimonio, al menos el primer verso formaba parte de un eslogan ideado por las autoridades nazis para mantener animada a la población mientras ésta veía impotente cómo las bombas destrozaban sus casas:
Unsere Mauern brechen, unsere Herzen nicht.
Alle Räder müssen rollen für den Sieg.
(Nuestros muros se rompen, nuestros corazones no.
Todas las ruedas deben rodar para la victoria.)
Y los civiles alemanes, en un gesto de humor negro, habrían añadido la consabida frase final de los cochecitos: Und Kinderwagen für den nächsten Krieg.
En efecto, todo apunta a que la frase del cochecito fue un añadido espontáneo. En junio de 1942, cuando el abastecimiento de la Wehrmacht en el frente ruso se había convertido en un gran problema, la compañía de ferrocarriles estatal del Reich inició una campaña publicitaria destinada a evitar en lo posible el empleo del tren por parte de la población civil. El eslogan principal de la campaña era Räder müssen rollen für den Sieg ('Las ruedas deben rodar para la victoria'), y con él se pretendía concienciar a los alemanes sobre la enorme importancia estratégica que había adquirido el tren. El ingenio popular le añadió enseguida el segundo verso a este lema publicitario que le afectaba negativamente en su movilidad. Espoleados por la conciencia de estar siendo utilizados por Hitler para sus ambiciones imperialistas, los alemanes más osados se lo añadieron clandestinamente con pintura a los carteles de la época, que lógicamente solían colgar de los vagones o en las estaciones. Así pues, se trataba de un grafitti popular de la época que el tráfico de los vagones así mancillados contribuyó a difundir.
Después de todo, cuando en octubre de 1944 se convocó el Volkssturm y se reclutaron a la desesperada a ancianos y niños para defender lo que quedaba del Reich, circularon chistes como éste:
-Ahora han confiscado todos los cochecitos de bebé.
-¿Por qué?
-Porque van a llevar al frente a la quinta del 1943.











