Los arrebatos de ira de Hitler eran un lugar común incluso antes de 1941, fecha en la que Shirer divulgó el mito de Hitler como comealfombras en su Diario de Berlín. La idea de un dictador aquejado de rabietas infantiles cuyas consecuencias ha de pagar al mundo entero es una imagen sin duda simplificadora, pero de una indudable fuerza icónica. Ya en El gran dictador (1940) Charlie Chaplin había recreado admirablemente a un Hitler enfurecido:
Pero Chaplin no sería el único en atreverse con el siniestro personaje y sus temibles enfados: hay toda una serie de recreaciones cinematográficas en gran medida desconocidas y que, a título de curiosidad, me he propuesto mostrarles aquí.
La intensa campaña publicitaria, el enorme presupuesto y el extraordinario éxito de taquilla que han acompañado la película El hundimiento (2004) de Oliver Hirschbiegel (un filme al que ya me he referido en una ocasión anterior) han contribuido a generar la sensación de que se trata del primer tratamiento cinematográfico en términos absolutos de los últimos días de Hitler en Berlín. Sin embargo, El hundimiento, erróneamente comercializado como “un proyecto único en la historia del cine alemán”, cuenta al menos con un claro precedente en lengua alemana: El último acto (Der letzte Akt, 1955), una temprana producción austriaca dirigida por el célebre cineasta alemán Georg Wilhem Pabst, al que los más cinéfilos recordarán por su extraordinaria La caja de Pandora. Con un guión de Erich Maria Remarque, El último acto es una rareza fílmica muy difícil de encontrar. Vean aquí a Albin Skoda en la exigente escena de Hitler enfadado:
Tras G. W. Pabst, la siguiente película dedicada a los últimos días de Hitler tardaría casi veinte años en llegar. Fue Hitler. The last Ten Days, una producción británico-italiana de Ennio de Concini (1973). En esta película es el gran Alec Guinnes quien se atreve con un Hitler furioso que, si bien no come alfombras, al menos da patadas en el suelo:
En 1981, George L. Schaeffer estrenaría el telefilme The Bunker, una producción franco-americana, en el que un notable Anthony Hopkins recrea la ira del dictador:
Y ahora, por fin, pueden comparar estas escenas con la magistral interpretación de Bruno Ganz en El hundimiento:
¿Se dan cuenta? Los enfados hitlerianos se vuelven cada vez más acusados y viscerales para irse asemejando paulatinamente a la exageración cómica de Chaplin. Y sin embargo, Bruno Ganz nos resulta convincente. A saber cómo deberíamos interpretar eso...
7 comentarios:
Hitler jamás pisó la consulta de un psiquiatra, ¿pero la psiquiatría moderna como ha contemplado desde un punto de vista forense a Hitler?
¿Era un farsante o un "loco" con desordenes mentales profundos? ¿qué hacemos con tal monstruo? ¿cómo lo juzgamos legal, moral e históricamente?
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Casi obvio decir que el dudoso estado mental del personaje no exime en nada a la responsabilidad legal, social y moral del régimen nazi
Extraordinaria recopilación, ¡enhorabuena! Hilarante (Chaplin) y terribles (otros). Muy buen blog.
Un saludo,
Felicidades por la traducción de tu "Lili Marleen" al alemán.
http://www.amazon.de/Lili-Marleen-Geschichte-eines-Liedes/dp/3423248017
Me gusta el blog. Enhorabuena. He hecho un recorrido ameno y fructífero por todo él y te agradezco esta oportunidad. Saludos.
Rubén.
Enhorabuena por el trabajo que has realizado en este blog.
Muy buena la comparación entre los diferentes films. Qué Hitler tuviese arrebatos no significa que estuviese loco ni mucho menos. Era su manera de controlar a sus subordinados (obviamente tampoco era normal). La leyenda de un Hitler loco no le hace justicia y además tiene un efecto perverso, como si la gente normal no pudiese hacer las barbaridades de los nazis. Una vez que se convierte al otro en una cosa (se lo deshumaniza) y lo mismo con una categoría humana (negro, judío, palestino o blasfemo) otro Holocausto está en ciernes, aunque la gente que hace esto sea muy cuerda y muy sobria, en apariencia.
Cierto, Carolus. Es el aspecto que me parece más preocupante de esta serie. Precisamente "El hundimiento", película que veo con ojos muy críticos (ver http://goo.gl/RXzV6), se suponía que mostraba a un "Hitler humano" y no monstruoso. Por este motivo fue criticada por unos y elogiada por otros. Pero en mi opinión, como permite deducir esta serie comparativa, es la más histriónica de todas.
Estoy contigo en que la deshumanización siempre es peligrosa. Es importante no consolarse con la idea de que Hitler era un monstruo extraño muy alejado de nosotros. Lamentablemente, era un ser humano. Él mostró hasta qué abismos puede bajarse desde la humanidad. Lo más importante de esta conclusión es que también en cada uno de nosotros puede haber un pequeño Hitler al acecho. Conviene que no bajemos la guardia frente a él: ésa es la lección.
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