domingo, 4 de abril de 2010

Hitler, el "comealfombras" (II)


Los arrebatos de ira de Hitler eran un lugar común incluso antes de 1941, fecha en la que Shirer divulgó el mito de Hitler como comealfombras en su Diario de Berlín. La idea de un dictador aquejado de rabietas infantiles cuyas consecuencias ha de pagar al mundo entero es una imagen sin duda simplificadora, pero de una indudable fuerza icónica. Ya en El gran dictador (1940) Charlie Chaplin había recreado admirablemente a un Hitler enfurecido:

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Pero Chaplin no sería el único en atreverse con el siniestro personaje y sus temibles enfados: hay toda una serie de recreaciones cinematográficas en gran medida desconocidas y que, a título de curiosidad, me he propuesto mostrarles aquí.

La intensa campaña publicitaria, el enorme presupuesto y el extraordinario éxito de taquilla que han acompañado la película El hundimiento (2004) de Oliver Hirschbiegel (un filme al que ya me he referido en una ocasión anterior) han contribuido a generar la sensación de que se trata del primer tratamiento cinematográfico en términos absolutos de los últimos días de Hitler en Berlín. Sin embargo, El hundimiento, erróneamente comercializado como “un proyecto único en la historia del cine alemán”, cuenta al menos con un claro precedente en lengua alemana: El último acto (Der letzte Akt, 1955), una temprana producción austriaca dirigida por el célebre cineasta alemán Georg Wilhem Pabst, al que los más cinéfilos recordarán por su extraordinaria La caja de Pandora. Con un guión de Erich Maria Remarque, El último acto es una rareza fílmica muy difícil de encontrar. Vean aquí a Albin Skoda en la exigente escena de Hitler enfadado:

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Tras G. W. Pabst, la siguiente película dedicada a los últimos días de Hitler tardaría casi veinte años en llegar. Fue Hitler. The last Ten Days, una producción británico-italiana de Ennio de Concini (1973). En esta película es el gran Alec Guinnes quien se atreve con un Hitler furioso que, si bien no come alfombras, al menos da patadas en el suelo:

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En 1981, George L. Schaeffer estrenaría el telefilme The Bunker, una producción franco-americana, en el que un notable Anthony Hopkins recrea la ira del dictador:

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Y ahora, por fin, pueden comparar estas escenas con la magistral interpretación de Bruno Ganz en El hundimiento:

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¿Se dan cuenta? Los enfados hitlerianos se vuelven cada vez más acusados y viscerales para irse asemejando paulatinamente a la exageración cómica de Chaplin. Y sin embargo, Bruno Ganz nos resulta convincente. A saber cómo deberíamos interpretar eso...