"Cuando oigo la palabra 'cultura' desefundo la pistola."
¿Quién no ha oído mil veces esta famosa frase de Göring?
Un momento... ¿O era de Goebbels? No, probablemente la pronunciara Himmler. ¿O fue el propio Adolf Hitler?
También puede que la dijera "un famoso fascista español", según afirmó Claude Lanzmann en una entrevista de 1998. Algunos han querido ver en él a Millán-Astray (que por lo visto ni siquiera dijo exactamente "¡Que muera la inteligencia!") y otros a Queipo de Llano. En cualquier caso, se da por seguro que la infame frase fue pronunciada por "un fascista". Y partiendo de esta convicción, se ha convertido en un lugar común mil veces citado y casi siempre mal atribuido.
Y es que a los "leídos", a los "cultos", esta cita nos gusta mucho porque nos ubica automáticamente en el lado bueno. Pensamos que el hecho de leer y de amar la cultura nos inmuniza por completo contra la tentación fascista y la famosa cita no hace sino confirmarnos en esta vana suposición. ¿Para qué autocuestionarnos? Al fin y al cabo, nosotros leemos, y como a nosotros los libros no nos incitan a desenfundar arma alguna, está claro que no somos unos bárbaros como esos fascistas, ni lo seremos nunca. Podemos dormir con la conciencia tranquila. Y para que pueda seguir siendo así, sacamos a relucir la frase siempre que tenemos ocasión y nos sentimos tan cómodos con ella que ni siquiera nos inquieta no saber quién la pronunció en realidad, ni cuándo, ni en qué contexto. Fue un fascista, seguro, y con eso nos basta.
Antes de nosotros ya hubo otros que recurrieron a ella. El teórico del surrealismo Roger Roughton la empleó en 1936 en relación con el asesinato de Lorca. Dos años después Thomas Mann, que no en vano había dicho que "la cultura alemana está donde esté yo" (es decir, en América), la recordó alambicadamente en uno de sus célebres discursos radiofónicos antinazis:
Un pueblo al que se enseña a "quitar el seguro del revólver" cuando se le recuerdan estos esfuerzos. Una nación que cree tener que quitarse de la cabeza, despriorizar, incluso ridiculizar el concepto de cultura, tan repleto de vínculos con todo un universo de vida moralmente más elevada que admitiría una comparación con la idea de espíritu: una nación así, de eso no cabe ninguna duda, está llamada a fracasar y a hundirse.

Entre los mismos civiles alemanes, cuando lamentaban desde sus refugios que los bombardeos americanos estuvieran destruyendo exponentes de la cultura alemana, alguien salía siempre con la dichosa frase para recordar que eso les traía sin cuidado a los líderes nazis.
Actualmente la frase también ha inspirado a algunos artistas, como muestra esta ingeniosa obra en porcelana del norteamericano Charles Krafft, que la exhibe pintada en azul:

Pero entonces, ¿de dónde sale?
Sale de un texto de filiación nazi. Al menos eso es verdad.
Concretamente de la obra de teatro Schlageter escrita en 1933 por el ex expresionista Hanns Johst para celebrar el cumpleaños de Hitler.Sin embargo, no todo está tan claro como pueda parecer. Johst dedica esta obra a ensalzar al mártir protonazi Albert Leo Schlageter, un saboteador y miembro del Freikorps que murió ejecutado por los franceses tras la Primera Guerra Mundial. Pero quien pronuncia la frase no es Schlageter, el héroe de la obra, sino un compañero de lucha llamado Thiemann. La versión original reza así:
A lo que Schlageter responde:Cuando oigo la palabra cultura, le quito el seguro a mi browning.
Y Schlageter liquida el tema con una frase reveladora:--¡Pero qué cosas dices!
--¡Pues sí! --replica Thiemann--. Puedes darlo por hecho
--¡Eres para morirse de risa! [Du bist zum schiessen!].
Así pues, Johst pone esta frase en boca de Thiemann sólo para cuestionarla y burla
rse de ella. Johst era un poeta que ya en 1928 había entrado a formar parte de la (ciertamente infame) Liga de Combate por la Cultura Alemana. ¿Cómo iba a desdecirse de tal modo de una cultura de la que se creía digno representante, seguramente tanto como se sintió el exiliado Thomas Mann?Por incómodo que nos resulte, los nazis no rechazaban la cultura. Al contrario, se creían sus legítimos representantes, sus salvadores, sus depuradores. Sin duda se equivocaron por completo, pero el caso es que leían, algunos posiblemente mucho más que nosotros. Y amaban el arte. Y escuchaban música. Y a pesar de todo fueron unos bárbaros. Éste es el gran enigma.
Así que más vale que los "leídos" no nos durmamos en los laureles y estemos siempre alerta. El nazismo no fue obra de monstruos, sino de seres humanos como nosotros, y eso es precisamente lo que lo vuelve tan temible.
Por cierto, hace unos años se podía leer en un grafitti del metro londinense:
Un buen planteamiento, ¿no les parece?Cuando oigo la palabra revólver, desenfundo mi cultura.