miércoles, 28 de septiembre de 2011

El pan envenenado


En la película sobre la Guerra Civil La hora de los valientes de Antonio Mercero los franquistas lanzan panes desde los aviones sobre la población de Madrid. Naturalmente, no se trataba de un gesto humanitario, sino de una estudiada campaña de propaganda. Los panes llevaban en su interior un papel que decía:

Este es el pan de la España de Franco, el que guardamos en nuestros graneros para compartirlo el día de la liberación con nuestros hermanos cautivos.

En la película aparece la respuesta republicana en forma de transmisión radiofónica:

Atención, madrileños! para acabar con nuestra moral de heroica resistencia, aviones rebeldes han comenzado a arrojar sobre la población panecillos envueltos en insultante propaganda fascista. No comáis ese pan envenenado, el pan que llegue a vuestras manos debéis entregarlo en la comisaría más próxima o en vuestro sindicato, ése pan que nos tira Franco como si fuésemos perros.

Me llamó mucho la atención este grotesco vaivén propagandístico a costa del hambre de la población, y debo admitir que en un principio lo consideré una ingeniosa invención del guionista.



avión Henschel HS-123
Y así fue hasta que recientemente, en un archivo de Berlín, encontré una curiosa carta. Data del 20 de octubre de 1938 y va dirigida al ministro nazi de propaganda, Josef Goebbels. La firma un tal Kröger, hombre de confianza de la embajada alemana que entonces estaba establecida todavía, por razones obvias, en Salamanca. Dice así:

Ref.: Propaganda enemiga
A fin de ganarse a la población hambrienta de los territorios rojos para la Causa Nacional, últimamente los aviadores franquistas han lanzado cientos de miles de panes sobre Madrid, Alicante y Barcelona. Los panes, envueltos individualmente en bolsas de papel, fueron lanzados en sacos atados a paracaídas. Las bolsas están decoradas con los colores de la España nacional y llevan la leyenda:

No nos interesa lo que pensáis. Nos basta con saber que sois españoles y que sufrís. En la España nacional, una grande y libre, no habrá hogar sin fuego ni familia sin pan.

Y aunque los gobernantes rojos anunciaron enseguida que estos panes estaban envenenados y no se podían comer, como es natural la población residente en la zona roja se lo ha comido con mucha alegría. Un desertor del frente de Madrid me dijo hace poco que ese anuncio radiofónico se debía únicamente a que los líderes rojos quieren todo ese pan para ellos.

En su momento informaré si este tipo de propaganda tiene continuidad. Con la presente adjunto una de las bolsas.

Desgraciadamente, el documento que consulté en el archivo era una copia de la carta original y no llevaba grapado ningún ejemplar de la bolsa de pan. Me habría gustado tener por un momento en mis manos ese testigo mudo de la Historia: Un testigo de la perversidad propagandística, no importa de qué bando. De la utilización con fines bélicos del hambre. De la arrogancia de un enemigo que alardea ante los hambrientos del pan que supuestamente le sobra. De la desesperación de una población a la que desde el cielo le llueven más bombas que panecillos; y que está tan hambrienta que, cuando caen estos últimos, se los come sin saber a ciencia cierta si está envenenados.

Ideológicamente, al menos, sí que lo estaban.

Ah, y lo más importante de todo: la victoria tampoco trajo el pan que había prometido.